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Discos

The Books: The Way Out

Curiosamente, gran parte de mis discos favoritos de este año pertenecen a territorios musicales más alejados de la melodía de lo habitual en mí; especialmente a géneros con gran carga vocal como el spoken-word o el hip-hop (Laurie AndersonGil Scott-Heron, M.I.A.) o a la electrónica progresiva de sensibilidad acústica (Four Tet, Caribou).
Este cuarto disco del dúo experimental de Nueva York “The Books” no sólo sintetiza todos los estilos mencionados, sino que destaca luminosamente sobre ellos como un extravagante caleidoscopio musical.

La fórmula que articula este álbum es similar a la habitual del grupo: yuxtaponer samples vocales de la curiosa e inmensa colección de Paul de Jong con delicadas instrumentaciones de cuerda, texturas electrónicas y la suave voz de Nick Zamutto. No obstante, en “The Way Out” restan protagonismo a la parte instrumental –reduciéndola a unos simples pero acertados acordes arpegiados de guitarra y bajos ágiles a lo Squarepusher– y hacen de los samples vocales el elemento central de la labor de composición; confiriendo a las canciones de una emoción y personalidad que ningún instrumento podría haberles dado.

Al contrario que otros compañeros de estilo como DJ ShadowDouble Dee & SteinskiGodspeed You! Black Emperor, The Books utilizan unos tempos y unas fuentes mucho más estrafalarias, como casetes de meditación/autoayuda o programas de televisión infantiles de procedencia inescrutable, que pervierten con efectos y cambios de orden de palabras; convirtiendo, por ejemplo, una cinta para bajar de peso en una lección sobre cómo engordar. Esto resulta muy gracioso en algunos momentos, pero también excepcionalmente cansino en otros, como por ejemplo en la pista 7, “Chain of missing links”, en la que un gurú nos explica durante cuatro minutos que nuestro cuerpo está compuesto de átomos y fluido vital «al final era verdad», para luego quedar en ridículo al ver sus palabras trabadas.

Aunque en contadas ocasiones como ésta su macabro sentido del humor deje de hacer gracia sin que ellos parezcan darse cuenta, The Books han conseguido un disco extraordinario por su cualidad de amalgama musical y emocional.
Así, géneros tan dispares como el post-rock (pista 2 “IDKT”), el jazz-fusión (pista 3 “I Didn’t Know That”), el techno (pista 6 “I Am Who I Am”), el hip-hop (pista 12 “The Story of Hip-Hop”) o el folk (pista 13 “Free Translator”); se disuelven en una gran pieza sonora que, inexplicablemente, goza de gran cohesión y homogeneidad.

La escucha de “The Way Out” me ha hecho recorrer gran parte del espectro de emociones que la música puede provocar en una persona [ver gráfico debajo de este párrafo]. Ha habido momentos en que me he sentido profundamente relajado y otros en los que me he enfadado y hartado ante lo repetitivo y predecible de la música, para luego maravillarme ante la versátil habilidad musical y sentido del humor con el que se soluciona el problema. Ahora bien, el placer derivado de la escucha de este disco no es exclusivamente intelectual: hay momentos de melodía y ritmo mágicos y accesibles como la visceralidad maquinera de “I Am Who I Am” o los coros funk de “I Didn’t Know That”, que es lo más parecido a un hit pop que el dúo haya articulado.

Pero el mejor momento de todos – el micromundo más fascinante de los catorce que pueblan la constelación de “The Way Out” – es el single y pista 4 “A Cold Freezin’ Night”, en la que escuchamos a un niño y una niña (¿hermanos?) discutiendo de forma cada vez más violenta a ritmo de un beat 1/1 que luego se vuelve disco con arreglos de harmónica country, trompetas, relojes de cuco, gritos (!!!) y percusiones electrónicas como detrance chungo. La niña por lo visto se siente hombre y además presenta síntomas de psicopatía, diciéndole a su hermanito cosas como «Te puedo matar de la forma que yo quiera; probablemente lo haga cortándote los pulgares de los pies y abriéndome camino… hasta tu cerebro»«Te voy a arrancar el pelo y te quedarás calvo». Angelico…

Sería muy discutible decir que “The Way Out” es el mejor disco de la carrera de este dúo neoyorquino si tenemos en cuenta que han firmado obras magnas e indescriptibles como “Thought for Food” (2002) o “The Lemon of Pink” (2003); pero lo que está claro es que con este álbum han explorado los confines de sus recursos sónicos hasta límites insospechados: tanto hacia su extremo más frío, extraño, repetitivo y aburrido; como al más cálido, sencillo, melódico y armónico.
“The Way Out” hace de sus peores manías su mayor atractivo y encuentra en el abuso de las mismas su peor defecto. Es casi una obra maestra.

PUNTUACIÓN: 8,9/10

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