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Gran Torino

Gran Torino

Aunque no es un evento al que preste mucha atención, me alegro de que por fin haya pasado ya la vorágine de los Oscars. Ya sabemos quién ha ganado, quién ha sido la más mona en la alfombra roja y qué películas merecen realmente la pena. Mi consejo: no se pierdan “El Lector”, película que enriquece todavía más la novela de Bernhard Schlink y “Vía Revolucionaria”. Tampoco deberían perderse “El Intercambio” y “Gran Torino”, los dos últimos trabajos de ese gran genio que es Clint Eastwood que, aún cuando parece que rueda “proyectos menores” como “Poder Absoluto”, consigue crear clásicos que se pueden ver una y mil veces. Habría sido muy fácil nominar ambas películas, incluso darles todos los Oscar disponibles, y no por ello habrían sido menos merecidos.

A lo largo de estos años hemos visto cómo Eastwood se obsesionaba con las relaciones padre e hija (imposible  olvidar a Laura Linney en “Poder Absoluto” o a Hillary Swank en “Million Dollar Baby”) o discusiones teológicas (impagables las barbaridades que suelta al cura de “Gran Torino”) y cómo se centraba en personajes con un pasado a cuestas redimidos gracias a la acción de la historia. “Gran Torino” recopila prácticamente todas las constantes de Eastwood en un film que, a diferencia de “El Intercambio”, cuenta con un guión perfecto. Los detractores del director de “Cazador blanco, corazón negro” seguirán encontrando los mismos “fallos” de siempre. Una historia clásica y convencional con unos personajes tópicos y mil veces vistos al servicio de un final redentor. Sin negar ninguno de estos elementos, precisamente gracias a ellos, Clint Eastwood consigue con su último film uno de sus mejores trabajos. Cuando nos pensábamos que nos ibamos a encontrar con un tipo duro que iba a repartir hostias como panes a diestro y siniestro, nos topamos con un señor mayor cuyos hijos y nietos son despreciables aún siendo perfectamente “normales” que encuentra en sus vecinos emigrantes una forma de hacer las paces con su propia familia, o más bien encuentra a la familia que le gustaría tener. Revisando la filmografía de Clint no cuesta mucho ver que al director no le gusta nada la sociedad actual ni tiene ningún interés en hacer que le guste. Algunos acusarán a la película de racista y condescendiente, ya que Kowalski inculca a su joven vecino los grandes valores norteamericanos para hacer de él una persona de bien y alejarle de la marginación y delincuencia, mientras que otros vemos una reflexión, acertada o no, sobre como los valores actuales de la sociedad actual necesitan ser revisados.

Discusiones pedantes aparte, “Gran Torino” cuenta con una fotografía marca de la casa donde predominan los claroscuros; un uso de la música estupendo (atención porque la canción final está escrita y parcialmente interpretada por el propio director); un sentido del humor heredero del de John Ford en “El Sargento Negro” y uno de esos finales que se quedan grabados a pesar de la sencillez con la que están rodados. Hay un momento en la película, ejemplo de “sencillez”, que consiste simplemente en ver cómo Kowalsky deja el coche, el Gran Torino al que hace referencia el título, y se sienta toda la tarde hasta que anochece a beber cerveza mientras mira ese automóvil que representa y simboliza tantas cosas. Al entrar en casa le dice al perro: “es bonito, ¿verdad?”.

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Comentarios

3 comentarios para “Gran Torino”

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  1. Magnífica película que recomiendo firmemente ver.

    Salvo por su final un tanto forzado, nos encontramos, en mi modesta opinión, frente a lo que debe ser una película: el desarrollo de una historia, recreada por una buena interpretación de todo el reparto, una trama clara, y un soberbio control de los ritmos y la ambientación (apoyada en una más que sobresaliente banda sonora).

    Reitero: aún simple, a mi me ha gustado. Clint Eastwood se permite (y es de agradecer) tener un estilo propio (incluso un ‘personaje propio’ -antisocial, pero muy humano-) y plantear un guión basado en constantes incorrecciones políticas que, paradójicamente, no dejan de poner de manifiesto la solidez de los verdaderos principios que tales incorrecciones violentan.

    Destacar también que la traducción de la película al castellano me ha parecido muy buena, permitiendo y potenciando unos juegos de palabras y unas expresiones más que oportunas que provocan unas bienvenidas risas.

    Conclusión: Clint Eastwood sabe bastante de cine. Y este film es una buena muestra de ello.

    Más:
    http://himajina.blogspot.com/2009/03/gran-torino.html

    Escrito por Himajina | marzo 6, 2009, 02:45
  2. No se pierdan esta película: sencilla, emotiva, incluso en ocasiones divertida. Son muchas las lecciones relacionadas con el ocaso de la vida que este gran director ofrece a sus espectadores. Maravillosa fotografía. Gran Clint Eastwood, sin duda en “su” papel. Unicamente un pero: esta película hubiera sido sublime si contara con un par de actores de renombre y talento interpretativo que rivalizaran con Eastwood en cada escena del filme. Horrorosas las voces españolas de los chicos callejeros.

    Escrito por Joel Font | abril 4, 2009, 00:40
  3. Me encantó. La vi en VOSE porque quería apreciar la película en todo su esplendor y creo que no me equivoqué. Eastwood sigue demostrando que es uno de los grandes de la industria con una historia sencilla pero buena, con momentos tremendamente divertidos y mucho trasfondo social.
    Me encanta el momento en el que él está sentado con el perro en el porche, y en la casa de al lado está la abuela, reflejo suyo, pero en asiático, los dos diciéndose cosas cada uno en su idioma jajaja. Impagable.
    Simplemente, genial

    Escrito por Eklypse | abril 28, 2009, 23:52

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