// estás leyendo...

Danza

En Harlem se mueven

Si has estado en Nueva York, ya sabes de qué va. Si eres una persona inquieta culturalmente, te enamoraste de la ciudad. Y si eres inquieto/a físicamente, y encima bailas, te estresaste. Tomar clases en la academia de jazz Steps o en el Broadway Dance Center te puede hacer sentir como un personaje de Fama aunque sólo sea el tiempo que dure la masterclass. Y luego los espectáculos o compañias de danza, o la gente bailando en la calle. Y con ese batiburrillo de nacionalidades y fisonomías y licenciaturas en danza, aparecen bailarines excepcionales en cada esquina. En el Bronx, nació así el hiphop. Y en Harlem, reside y trabaja la compañia fundada por Bill T. Jones y Arnie Dance. 10 bailarines de todas nacionalidades, estaturas y colores constituyen una de las fuerzas más innovadoras en la danza moderna mundial.

El señor Jones nació en el 52 y estudió danza en la State University of New York at Binghamton (SUNY), donde conoció a Arnie,  que estudiaba teatro. Con esta mezcla tan de NY, negro y judío, formaron en el año 82 una compañia de danza que no podia ser más que innovadora y original, creando piezas como la que han presentado en Barcelona, ganadora de un premio Bessie en el 2007.

Sobre un suelo  de cuadrados blancos luminosos que se convierten temporalmente en rayuela de colores, se bailan en Chapel/Chapter varias historias, acompañadas de una narración en off y efectos luminosos. El asesinato en masa de una familia, un padre que mata a su hija “porque es una niña que da problemas” y dos niños que se escapan para ver el amanecer, ahogándose uno en una catarata, son las historias que se entrelazan.  Los bailarines que cometen los crímenes visten de presidiarios, así que detrás subyace el sistema de prisiones norteamericano, donde se encuentran los bailarines al principio de la pieza, dando vueltas por la sala sin ir a ningún sitio. A medida que las historias avanzan, el espectador está de todo menos tranquilo, pero el gran nivel técnico de los bailarines hipnotiza y quita la ansiedad. La sensación es similar a visionar Funny Games de Haneke. No quiero mirar pero miro. Y la música acompaña, violinista y chelo en directo se mezclan con ritmos de hiphop y una cantante negra realzando los momentos dramáticos. Puf, que escalofríos.

Menos mal que al final de la pieza de 70 minutos la compañía al completo se despidió bailoteando como en una verbena, y el mismo Bill salió varias veces y acabo marcándose pasos de salsa en medio del escenario como un entrañable abuelito de Harlem, riendo y animando al público a dar palmas y bailar.

Comparte este artículo:

Comentarios

No hay comentarios para “En Harlem se mueven”

RSS de los comentarios de este artículo | Dirección de trackback

Escribir un comentario