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Televisión

Ven a cenar a Pekín: micro y macro realities

En una temporada en que se pueden contar con los dedos de una mano los estrenos televisivos que han merecido la pena, es de agradecer la aparición de dos formatos que han venido a traer un poco de aire fresco al aburridísimo panorama nacional. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Pekín Express y a Ven a cenar conmigo, dos programas que no tienen nada de original pero que sí han sabido picotear de diferentes fuentes para crear dos formatos perfectos.


El reality de Cuatro, del que ya hablamos en su estreno, se ha terminado desvelando como la gran sorpresa de la temporada, yendo de menos a más y terminando ahí arriba, en todo lo alto. Será difícil que la segunda edición llegue a superar a ésta, repleta de momentos emocionantes. He de reconocer que he echado alguna que otra lágrima y esto es algo que en la vida nunca me había pasado viendo un programa de televisión (¡y mucho menos un reality!). Por supuesto la salida de las gemelas hizo que se dispararan todos los índices de audiencia y se creara una excepcional expectación: Cuatro preparó el terreno durante toda la semana anterior para que llegaras al programa esperando lo peor, y está claro que sabían lo que tenían entre manos. Digamos que les quedó un programa equiparable a aquel momento Nieves Herrero-niñas de Alcásser (aunque ellos no se cansaran de repetir una y otra vez que todo se emitió bajo el beneplácito de la afectada).

Dejando eso aparte, está claro que la mezcla de programa de viajes, gimkana, capacidad de supervivencia y competitividad han llevado a PE al éxito que ha sido. A ello ha ayudado una excelente elección del casting (con personajes que no dejaban indiferente a nadie: ninguno provocaba especial simpatía pero todos teníamos a nuestra pareja favorita), un buen puñado de momentos memorables (que han hecho que cada emisión fuera más emocionante que la anterior y consiguiera incluso que nos planteáramos si no deberíamos dejarlo todo e irnos por el mundo en ese plan) y una Paula Vázquez que cada día hace mejor su trabajo y que borra de un plumazo de nuestra cabeza todos y cada uno de los fracasos televisivos que ha protagonizado.

Debido al éxito, ya tenemos a A3 preparando su propia versión (hagan sus apuestas sobre cuantas emisiones durará antes de la cancelación) y a Cuatro gestando la segunda temporada del programa, para la que ya se están buscando a familias completas en vez de parejas. Esperemos que mantengan el nivel.


O el triunfo del microreality. Parece mentira que a nadie antes se le hubiera ocurrido una idea como esta. Y es que desde fuera, viendo de qué va el programa (5 personas se invitan los unos a los otros a cenar a casa, y al final de la cena cada uno de ellos valora la labor de anfitrión) uno no se puede ni imaginar la cantidad de mala leche que hay encerrada en poco más de 30 minutos de emisión. Entre que los que hacen los cástings son muy listos y que la gente está necesitada no ya de 15 minutos de fama, sino de sus 15 videos de youtube, se montan unos pollos que ríete tú de las broncas de GH. Además aquí tenemos la ventaja de que cada lunes se renuevan los concursantes, con lo que puede que incluso todo sea más divertido que la semana anterior. Yo he llegado a ver a una llorando porque es incapaz de aguantar la tensión de la cena, otro que tiene la cara de preparar macarrones con tomate y decir que ese es su plato estrella, gente con casas más abyectas que la de Alaska, intentos de flirteo entre una de las concursantes y el marido de otra comensal, una a la que no le gustaba nada y obligó al anfitrión a hacerle unos huevos fritos y la mejor: una que directamente encargó la cena a un cátering porque prefería dedicar el tiempo a peinarse.

Está claro que lo que menos interesa del programa son los platos que prepara cada uno, y es a lo que el programa dedica menos tiempo. Lo interesante aquí es ver cómo los concursantes se desgañitan por rajar del anfitrión cuando éste está en la cocina preparando los platos y cómo le ponen buena cara cuando vuelve, o el momento en el que, al final de la semana, todos descubren las puntuaciones que sus compañeros les han otorgado y empiezan a pedir explicaciones (y todo por 6.000 míseros euros…). Es precisamente lo cabrones que sean los concursantes (deberían cambiarle el nombre al programa y llamarle Ven a cenar conmigo si te atreves) lo que hace cada programa más o menos entretenido, y es verdad que hay semanas que es un verdadero coñazo pero es que cuando llega la semana, todo se te olvida y disfrutas como un enano (y la semana pasada fue LA SEMANA).

El programa es un ejemplo perfecto de cómo hacer las cosas: realización directa (que no se entretiene en tonterías), una voz en off que dinamiza los momentos de silencios, unas entrevistas individuales intercaladas entre la cena y unas normas que favorecen el enfrentamiento y el cizañeo, que es lo que todos le pedimos a un buen reality. Esperemos que dure mucho y que cada vez entre más gente con ganas de gresca.

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Comentarios

4 comentarios para “Ven a cenar a Pekín: micro y macro realities”

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  1. Así que la 2a edición de Pekin Express va a ser con familias… Increible como todo este reality está inspiradísimo en The Amazing Race, hasta en ésto (hicieron una criticada “family edition” en su 8ª edición)

    Escrito por SouverDj | diciembre 11, 2008, 10:54
  2. Yo también he leído/oído lo del reality de familias aventureras, pero no estoy seguro de que estén hablando de lo mismo (de la segunda edición de Pekín Express, quiero decir).

    Escrito por eurocero | diciembre 11, 2008, 20:50
  3. Pues sí, hexadigame?. Esa semana de la que hablas en “Ven a cenar conmigo” fue LA SEMANA!!! Y fíjate que era la primera vez que veía el programa, así que pensé: “Joooder! Si esto es así siempre yo no me lo pierdo!!!” Y lo de los huevos fritos fue lo más!! También se podría llamar “Ven a cenar conmigo si tienes huevos”..jeje!

    Escrito por CARMEN LEE | diciembre 15, 2008, 13:07
  4. Megafan de PE, totalmente adicto desde la mitad del programa, y ya lo echo de menos. Me han dicho que corre el rumor que la siguiente temporada podría ser Pekín-Calcuta, aunque me parece improbable, al mismo tiempo que apasionante si se lleva a cabo. Eso sí, que hayan ganado esa apestosa pareja de Fernando y María (aunque se veía venir; hubiera preferido mil veces la victoria de mi Oller, por chulazo vasco)

    Escrito por suedehead | diciembre 15, 2008, 20:37

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