No me entiendan mal, no voy a hablar del tÃpico graffiti del prepúber que escribe “er chino” en cualquier pared. Aunque a ojos de la administración pública pueda parecer lo mismo, esto es mucho más. Arte democrático, con mensaje, a la vista de todos, nada de recluirse en museos. Les presento a algunos artistas que está intentando hacerle la vida diaria más llevadera.

Hace de todo, y casi todo de una legalidad dudosa, teniendo en cuenta lo que suelen durarle sus obras en la calle, de dos semanas a un par de horas. Escoger una sóla imagen ha sido un dolor, en este caso la elegida está hecha simplemente con tijeras sobre una lona de obras en Glasgow un dÃa que pasaba por ahÃ. Ya no está, claro, porque los constructores no tienen alma y pusieron una lona nueva a los nueve dÃas. Vale la pena pasearse por su galerÃa virtual para recrearse con cabinas telefónicas llenas de globos de colores, torres de naipes hechas con vallas de construcción o señales retorcidas y descontextualizadas, por ejemplo.

Al señor Coley no parece gustarle demasiado la religión, ninguna de ellas. Lo digo, más que nada, porque algunas de sus instalaciones públicas incluyen sinagogas, mezquitas e iglesias camufladas (por ejemplo ésta en Santiago de Compostela) o mensajes luminosos como el “No habrá milagros aquÔ de la foto (que se puede ver en el monte Stuart de la isla de Bute, donde sea que esté), o “El Cielo es un lugar en el que nunca pasa nada“.

Este muchacho en lo que más se entretiene es en hacer figuras con celo y dejarlas por ahÃ: patitos transparentes nadando en los charcos, jirafas comiendo de los árboles, hombres sentados en cualquier esquina… de hecho tiene un proyecto de bebés abandonados (alguno ha dejado en Fuerteventura, pero los hay hasta en Tokio), hechos de este material, que insta a llevarse a casa. También tiene una serie en la que convierte señales de tráfico en flores. Hay que ver la manÃa que le tiene la gente esta del street art a las señales.

No es sólo el más conocido (aunque nadie sabe realmente quién es) artista del post-graffiti (qué palabra), es también el que cambió 500 cds de Paris Hilton por unos con su propia portada en las tiendas (se han llegado a subastar por 750 libras cada uno), el que puso una reproducción de la Mona Lisa con un smiley amarillo en la cara en el Louvre; el que pintó escaleras, ventanas y agujeros en el muro que separa Israel y Palestina… Muchos le acusan de vandalismo, pero el caso es que algún ayuntamiento, en vez de borrar sus pintadas, las ha repasado para que no se estropeen. Aquà su página.
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estoy de acuerdo. mua!
Esto es lo que le hace mucha falta a Sao Paulo, ahora que han quitado la publicidad de las calles… diablos, la ciudad deberÃa ser una historia ilustrada. No irÃamos a la Plaza Mayor sino a la Elipsis de Medianoche… bueno, no exactamente, pero os haréis una idea. ¡Buena selección, Eva!