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Ocio digital

[Clásicos Digitales] Elite

Si The Sentinel es referencia obligada al hablar acerca de clásicos del entretenimiento digital, a una altura equivalente o superior habría de situar Elite (1984), el Ciudadano Kane de los videojuegos. Sí, de nuevo aquella época en la que una o dos personas (en este caso, David Braben y Ian Bell) eran suficientes para producir un videojuego excelente (¿os imagináis que para pintar un cuadro hiciesen falta cientos de personas y muchos millones de dólares?) … y recrear un complejo -vivo- universo en tan sólo 32Kb de memoria.

Asumimos el rol de un buscavidas cósmico, que, partiendo de la categoría de ciudadano más baja (‘Harmless’), y con una nave equivalente a un Smart, debe (o no) acumular reputación y riquezas hasta alcanzar el nivel Elite. El ‘(o no)’ es un detalle crucial: se llevó el concepto de juego no lineal hasta nuevos límites.

Y es que, una vez que el juego comienza, en la estación espacial de Lave, no encontrarás nunca ninguna indicación de cuál es el siguiente paso. Puedes comprar mercancías, para intentar venderlas más caras en otros sistemas planetarios. Puedes salir al espacio y atacar a otros comerciantes para hacerte con sus bienes y créditos (dinero) y así convertirte en un temido pirata. También desarrollar una carrera militar alistándote en la marina. O, fuera de la ley, convertirte en un mercenario a sueldo haciendo trabajos sucios para mafiosos anónimos. Incluso, equipando tu nave con los accesorios adecuados, enriquecerte haciendo minería en campos de asteroides.

Todo esto, y mucho más, puedes hacerlo en las 8 galaxias disponibles el juego, cada una con 256 planetas que visitar (¡entre ellos los de Fomalhaut!) y, claro, cada planeta tiene su lista de misiones y sus precios de mercancías, sus materiales ilegales … El juego consigue, por primera vez y mejor que nunca, desplegar un universo virtualmente infinito (porque parece imposible explorarlo todo), hasta tal punto que intimida y crea una sensación de catatonia que ya quisiera el Major Tom.

Además de todo lo dicho, otra de las características clave de este juego (y de la mayoría de los de aquella época) es su desafiante nivel de dificultad. Desde la perspectiva actual, podría interpretarse como un fallo de diseño, ya que tareas habituales (como entrar en una estación orbital, o el combate espacial, con el casi nulo poder armamentístico al comienzo) son aparentemente imposibles. Pero nada más lejos: este nivel de dificultad, sin ayudas, ni tutoriales, ni molestas voces en off, ni indicaciones visuales, es el que te hará sentir, cuando hayas alcanzado el nivel Elite, como lo que realmente serás: una auténtica leyenda espacial, que ha invertido tiempo, sudor y sangre en cada pequeña mejora de status, equipamiento y riqueza. Hay que mencionar que una vez alcanzado ese nivel, el juego ni mucho menos finaliza o se detiene; el logro y la satisfacción se felicitan solo en la mente del jugador.

Cualquier juego de comercio y combate espacial que se te ocurra (Privateer, X-Wing, Freelancer, Eve Online … ¡incluso Grand Thef Auto!) bebe de alguna manera de Elite, ya sea en mecánicas de juego, en la disposición de los radares tridimensionales, en el aspecto comercial …y eso sólo demuestra que durante todos estos años ha seguido siendo fuente de inspiración.

Como detalle entrañable, y en las plataformas que lo permitían técnicamente, se puede escuchar ‘El Danubio azul’ cada vez que nos acoplamos a una estación espacial, haciendo un guiño tan obvio como exquisito a la obra maestra de Kubrick:

Braben está hoy a la cabeza de Frontier Developments, y sigue produciendo videojuegos de calidad…y también una nueva versión de Elite que aproveche las capacidades tecnológicas actuales. Esperemos que mantenga el encanto y tenga más calidad que anteriores secuelas.

Podéis jugar a Elite aquí.

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