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Aretha Franklin: Live at the Fillmore West

Aretha

En 1971, y tras muchas negociaciones – salvadas in extremis por la discográfica que accedió a cubrir la diferencia entre lo que pedía la artista y lo que la organización estaba dispuesta a pagar -, Aretha Franklin actúo en el Fillmore West Auditorium ante un público formado casi íntegramente por “flower children” como la propia Aretha los llamaba. Fans de Grateful Dead y Jefferson Airplane que no estaban muy por la labor de seguir los dictámenes de la música soul y nadie sabía como iban a reaccionar ante un espectáculo de estas características.

A pesar de que la más famosa de las hermanas Franklin ya era considerada la reina del soul en aquella época, sus neuras y miedos eran casi tan conocidos como sus grandes éxitos. Por eso el set list, visto hoy, sorprende un poco ya que empezó con la artillería pesada: el tema de Otis Redding que Aretha hizo archiconocido abre el concierto en una versión que va como una locomotora arrollando todo a su camino. Las segundas voces apenas pueden con los coros que ideó la hermana mayor de Aretha, Carolyn, debido a lo rápidos que van. Después de esta explosión, Aretha pide espacio al público: “sólo os pido que os pongáis cómodos y os relajéis. Os prometo que al acabar este show lo habréis disfrutado tanto como cualquier otro concierto”. Con un par. Después de esto, y bastante incomprensiblemente, empiezan a sonar versiones de Simon & Garfunkel y los Beatles con un tempo diametralmente opuesto al de Respect. Aunque si se piensa bien, Aretha eligió las canciones para que el público pudiera hacer lo que ella pedía. Les dio su mayor hit, al que nadie podía resistirse, y después canciones conocidas para que nadie se aburriera. Para cuando acabó “Eleanor Rigby” la audiencia ya estaba lista para lo que Aretha iba a darles. Sentada al Fender Rhodes, las notas de “Don’t play that song” comienzan, y entre el bajo, los metales y los coros la gente se vuelve loca.

“¿Hay alguien entre los presentes al que le apetezca escuchar un blues?” Pregunta la cantante antes de empezar “Dr. Feelgood”. La gente responde que sí, igual de entusiasmada como al final de la canción, cuando se establece un duelo a “yeahhh”´s entre público y artista. “Spirit in the dark” es el siguiente tema, pero la gente estaba tan entregada para entonces que podría haber sonado cualquier cosa. Aquello era una fiesta a la que se unió Ray Charles – dicen que Jerry Wexler, el capo de la Atlantic que producía a ambos, lloró de la emoción al oírles tocar juntos – para poner el broche final a un concierto que, a buen seguro, amplió las miras a más de algún despistado que andaba perdido entre tanta psicodelia. Sobre todo porque acabar el show con un tema de Diana Ross debió de descolocar a más de uno. Y ya que estoy, si quieren saber por qué a Aretha es conocida como “la reina del soul” y Dianna no, escuchen la canción en boca de ambas y comparen.

Live at the Fillmore West no aparece nunca en las listas de los mejores álbumes en directo – probablemente por su “peculiar” selección de temas -, ni tampoco es una referencia muy conocida dentro de la discografía de Aretha Franklin pero, y de eso doy fe, es un disco estupendo que, por 7 putos euros, merece la pena comprar.

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