Noticia exclusiva que no habrán escuchado en ninguna parte: la selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa. Ya sé que hay muchos a los que este asunto les parece una pesadez, que están hartos de que la gente salga a la calle a berrear y formar parte de una absurda alegrÃa solidaria o colectiva, de la sobreexposición mediática y de que no se hable otra esa cosa, de la politización y el patriotismo, pero algunos aficionados a este deporte también estamos un poco cansados de que se nos meta a todos en el mismo saco de borregos. A mà me gusta el fútbol y no he pisado la plaza de Colón ni me siento más español desde el domingo, y no tengo por qué considerarme culpable de los efectos colaterales que se deriven de la afición desmedida. De todo hay en todas partes, y no está mal romper estereotipos. Yo también pensaba que New Order eran un grupo para gente de gusto más o menos refinado y hace unos años me sorprendió verme rodeado en un concierto suyo en Londres de una audiencia de hooligans que parecÃan haber salido de un Everton-Manchester City.

Pero yo venÃa aquÃ, además de a hacer este alegato, a hablar de José Ramón de la Morena. Porque, aunque es cierto que el periodismo deportivo español es, salvo honrosas excepciones, nefasto, y capaz de convertir a diario las cábalas en noticia, hubo un tiempo en que El larguero era un buen programa de radio, y De la Morena un excelente comunicador. Su cercanÃa al oyente, el explicarle las cosas de un modo sencillo, de tú a tú, y su sinceridad (u honestidad, como todo el mundo parece preferir decir ahora) fueron las armas con las que consiguió finalmente superar en audiencia a quien durante muchos años monopolizó las noches deportivas radiofónicas, José MarÃa GarcÃa. Y eran esas mismas armas aquellas en las que un amigo mÃo basaba una curiosa teorÃa que sostenÃa que, a falta de un referente directo en el periodismo musical, De la Morena era lo más próximo que tenÃamos en España a John Peel. Una pena que haya perdido el contacto con ese amigo, porque me gustarÃa que me volviera a desarrollar con exactitud aquellos argumentos y verÃan que la comparación no era tan descabellada como pudiera parecer a priori.
El caso es que, erigido en lÃder de audiencia, y con GarcÃa fuera de la circulación desde hace unas temporadas, el periodista madrileño ha terminado convirtiéndose en prácticamente un calco de quien fue su némesis. Como GarcÃa, utiliza el insulto y la ridiculización de quien le cae mal como parte esencial de su discurso, y ya ha sido condenado por la justicia por tales motivos. Él sigue empeñándose en jugar el papel de hombre humilde que expone sus ideas de un modo diáfano para que el oyente saque las conclusiones, pero ya no hay quien se trague su falso papel de campechano. Lo suyo es dogmatismo puro y duro, acompañado de caprichosas manÃas persecutorias hacia quien no comulga con su lÃnea de pensamiento, y todo apoyado en un lenguaje cada vez más pobre y vulgar. Es de aquellos que ha pasado por la universidad sin que parezca que la universidad ha pasado por él. Todo ello hace que El larguero se haya convertido en un programa difÃcilmente aguantable, a pesar de que cuente con secciones, como El SanedrÃn, que todavÃa son disfrutables, pero eso es mérito de algunos de sus buenos colaboradores, que los tiene. Lo malo de todo esto es que no existe hoy en dÃa ninguna alternativa para los que queremos una información deportiva mÃnimamente decente. Porque en el terreno de juego seremos campeones de Europa, pero en el terreno periodÃstico todavÃa estamos lejos de llegar a cuartos.
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Pensaba decirte un montón de cosas que… has dicho tú en la entrada.
Estoy de acuerdo contigo en todo lo que dices, incluso en la generalización sobre los aficionados al fútbol que yo generalmente practico.
El Larguero ha hecho que, durante las horas que dura (porque… ¿son horas o es que a mi se me hace eterno?), la Cadena Ser pase a ser la Taberna Ser, por el nivel de chabacanerÃo que destila por todas sus ondas.
Sus referencias a Brunete (hechas muy conscientemente para recordar al oyente su origen humilde), sus entrevistas a jóvenes jugadores o directamente niños, sus intentos de poesÃa apelando a la sensiblerÃa de los entrevistados o directamente sus ya mÃticas entrevistas a familiares de deportistas muertos hacen que, de la vergüenza ajena que me produce, tenga que apagar la radio. Y no me vale eso de la libertad de elección, porque eso no libera a nadie de hacer un producto mediocre.
Por qué la celebración y la alegrÃa te parecen absurdas?
No he dicho eso exactamente. Lo que pasa es que me resulta difÃcil asumir que no haya NADA hoy en dÃa que provoque la reacción que provoca el conseguir un tÃtulo futbolÃstico. TodavÃa recuerdo cuando hace unos años el Celta y el Sevilla fueron descendidos de categorÃa (creo que por sus deudas) y la gente se lanzó a la calle como no se lanza por otros problemas más acuciantes. Obviamente, fueron readmitidos.
Y lo que sà me resulta absurdo es ese nexo de unión que se crea con absolutos desconocidos. El otro dÃa en Gran VÃa, de repente todos eran amigos unos de otros. Me parece una cortina de humo, aunque he de decir que siempre preferiré ver a la gente alegre y de buen humor, sea cual sea el motivo, que peleándose, desde luego.
A mi me resultan particularmente estomagantes sus charlas con el “amigo” Eto´o y la forma que tiene de justificar sus meadas fuera de tiesto…
Pues no sé, pero aquà el otro dÃa, cuando le concedieron el PrÃncipe de Asturias a la Atwood, la gente salió a la calle en masa con camisetas con fotos de la escritora, dieron permiso en los trabajos para ir a emborracharse y la gente coreaba “camarero, camarero, una de Atwood!”…
En fin…
Eurocero, comparto en parte tu opinión. En una sociedad y en una realidad donde lo normal es estar hasta los huevos de todo y todos, que haya algo que aunque sólo sea por un dÃa nos haga estar unidos y celebrar algo juntos no me parece bien, me parece grandioso.
Respecto al comentario anterior de Belelle, si no te gusta el fútbol es difÃcil que puedas comprender las sensaciones que uno puede llegar a experimentar durante un partido y no digamos en una final, el cielo y el infierno separados por una acción puntual en un lenguaje que comprende hasta un niño de cinco años. Ningún escritor ni artista del mundo puede lograr algo asà (por desgracia).
Y una cosita más… Que el fútbol levante pasiones en las cuatro esquinas del globo, o que sea el mayor aliciente para sociedades más bien empobrecidas (como la argentina o la brasileña) me imagino que querrá decir algo. Compadeceos de mÃ, pues ningún libro, canción, cuadro o pelÃcula ha llegado a emocionarme tanto como lo vivido en algunos partidos de fútbol.
pd y volviendo al topic: me di cuenta de que JR se habÃa convertido en todo aquello que repudiaba cuando en 1998 tuvo a Jorge D’Alessandro y al presidente del Athletic (no me acuerdo del nombre, no sé si UrÃa) insultándose hasta casi las 2am, sin que JR hiciera nada por contenerlos. Desde entonces inició una carrera cuesta abajo donde sólo le salvan sus amistades Eto’o, Iniesta, Alonso, etc. Por no hablar de lo facha que es, pero eso ya es otra historia.
Que ningun artista puede conseguir eso? Pues discrepo. Por ejemplo, Pocoyo. Tiene un gran éxito internacional, pues es una serie que se ha vendido y traducido a nosecuántos paÃses. Usa un lenguaje que puede entender hasta un niño de cinco años (de lo contrario, no tendrÃa sentido).
Y yo es que es ver las alegres desventuras de Pato y es como si viera el cielo y el infierno separados por una acción puntual y cotidiana.
Me da pereza lo antifútbol, pero mucha más lo profúbtol.
[...] deportivo con el generalizado estilo analfabeto y mamporrero (cuyo mayor representante es José Ramón de la Morena) se sorprenderÃan escuchando la ya clásica primera hora de los sábados, hoy suprimida por la [...]
[...] De los más veteranos, sólo sobrevive el Larguero (aunque la Ventana de Nierga ya tiene unos 12-13 años)… “sobrevive”. Porque lo único que tiene este Larguero medianamente parecido al original es el nombre. Vuelvo a coincidir con Discotraxx… A mà también me parece que Joserra se ha convertido en un impresentable. [...]